Zambrano

Compuesto y sin novio. 103

Ante la inesperada llamada del que ha sido mi compañero hasta hoy comunicándome su decisión de cambiar de pareja, siento que debo comunicar lo siguiente:

Ha sido un periodo de temporada increíble donde empezamos con muchas ilusiones y con un proyecto común que en poco tiempo nos ha traído resultados que sin duda serán hitos en nuestras carreras profesionales.

En mi corta carrera como jugador profesional he aprendido, rápido, muchas cosas, pero en este momento creo que aún me quedan otras que probablemente me resultarán más difíciles de aprender. Aunque mi situación actual no es la que hubiera deseado, solo me queda desearle suerte a Gonzalo en su nueva etapa. No dudo que a mi nueva pareja podré seguir aportándole los valores que siempre me han caracterizado: solidaridad, compañerismo, entrega y humildad. Espero poder anunciar pronto quién será mi compañero en los próximos torneos. “ Javier Ruiz. 48 WPT

Estoy escribiendo esta columna el día 15 de julio de 2016. En el día de ayer, de la manera con la que he empezado, comunicó Javier Ruiz González, nº 48 del mundo, la inesperada decisión de su pareja en el circuito WPT 2016, Gonzalo Rubio, de cambiar de compañero en pista. Algo que ni de lejos se podía esperar, dados los buenos resultados que estaban cosechando. En concreto, un par de semanas antes, se habían coronado en la prueba Challenger WPT de Barcelona, nada menos que contra Matías Marina – Alex Ruiz (a este momento, podemos barruntar que uno de estos dos será el nuevo compañero de Rubio, seguramente, y me imagino que, cuando esto esté publicado estará mas que confirmado…).

Este es un ejemplo de varias cosas. La fundamental y clara, de las llamadas “envolventes”.

Este fenómeno, es algo muy común y cotidiano en el mundo del pádel, y este ejemplo que os he puesto a modo de prólogo en la columna, es el capítulo tropecientos. El año pasado hubo varias sonadas, y este ejercicio, no se está quedando atrás, sino todo lo contrario. Van a marcha, e in crescendo. Algo que no le hace ningún beneficio al pádel profesional, ya que se pierde la identidad de las parejas, e incluso para el rendido aficionado, puede suponer un desánimo, desde el momento que pierde esa forma reconocible: ¿quién no recuerda Reca –Nerone? ¿Martín Díaz – Bela….? Eso es lo que hace míticos a unos deportistas y a un deporte, como este, de duplas.

Quizás lo peor, no sea, el cambio de pareja en sí, sino las formas. El que se va: de forma atropellada, de un día para otro, y con un ahí te quedas. Y aquí me detengo en el otro ejemplo que da este asunto. Cómo reacciona el que se queda compuesto y sin novio. En el caso de Javier Ruiz, para enmarcar. Lo dije y lo recalco ahora. UN SEÑOR. Pero dando la bofetada y sin manos. Al texto me remito.

Lo de siempre. Un saludo, y buenos palazos, ah¡¡¡ y chapuzones.

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